11
feb 13

Revuelta en el frenopático nipón

FOTO: Juan G. Andrés

Juan G. Andrés

Nos importa un bledo si el currículo del músico japonés Tori Kudo es del todo cierto: que una biografía (inventada o no) diga de alguien que ha sido terrorista de extrema izquierda primero y testigo de Jehová después es una genialidad que merece toda nuestra atención. Tampoco se debe pasar por alto que la banda predilecta de Stephen Pastel es Maher Shalal Hash Baz, nombre tomado del libro de Isaías (Antiguo Testamento) que significa algo así como “muy pronto habrá saqueo y destrucción”. Desde luego, parecían argumentos suficientes para vencer la pereza dominical, calzarse las katiuskas y poner rumbo a Le Bukowski con una expectación más que razonable. Máxime si el bolo lo organizaba Ayo Silver!, esa promotora con más olfato que el sumiller de Arzak.

Ya en los primeros compases el personal parece desconcertado por la extraña presencia escénica de los seis músicos, que tocan ladeados -a veces incluso de espaldas al público-, pendientes del líder y de las hojas que contienen el esquema abocetado de las canciones, algunas improvisadas. Y empiezan a flotar en el aire las preguntas. ¿No suena desafinada la trompeta? ¿Cómo puede molar tanto y meter semejante ruido la guitarra-bandurria eléctrica de juguete de Kudo? ¿En cuál de los siete samurais se ha inspirado el bajista para perpetrar su moño? ¿Es la madre de toda esa disfuncional familia la señora que sopla la melódica entre la hipotermia y el trance? Cuando en el segundo tema la mujer va pasando el micro uno a uno a todos los miembros del grupo para que canten fragmentos de la misma canción -alguno parece realmente un gato apaleado-, la extrañeza se acrecienta más aún.

Se multiplican entonces las risitas y las miradas cómplices entre los espectadores, que siguen preguntándose cosas. ¿Esto va en serio o es una tomadura de pelo? ¿De qué frenopático se han escapado estos adorables locos que tan deliciosamente conjugan disonancia y armonía? ¿Cómo tienen los santos bemoles de torpedear unas melodías que a veces suenan preciosas y otras ejecutadas (nunca mejor dicho) por alumnos de primero de solfeo? ¿Han ensayado cinco veces, dos o ninguna? El concierto sigue su imprevisible curso y el público parece cada vez más a gusto con una propuesta que tiene mucho de jazzística, al menos en lo que a libertad de esquemas se refiere. Por lo demás, Tori Kudo y sus colaboradores optan por el humor y por la diversión, propia pero sobre todo ajena, y dan esquinazo al virtuosismo y a esa visión intelectualizada que tanto daño ha hecho al jazz.

En esencia, eso sí, Maher Shalal Hash Baz es pop, pop deliberadamente imperfecto, bizarro y mágico. También rock, por el guitarreo y por alguna canción que nos recuerda al mejor Lou Reed. Y punk, por la actitud y el descaro. E incluso soul, por ese pepinazo que cierra los bises y el concierto. Kudo y sus cinco kamikazes caminan muy cerca del precipicio pero no llegan a inmolarse. Todo lo contrario: su música es  frágil, contagiosa y efímera, casi irrepetible. Al finalizar el concierto, un mismo nombre pasa de boca en boca. “Suena a Daniel Johnston pero en japo”, repiten los ojipláticos presentes sin dejar de pellizcarse. Y solo cabe terminar estas líneas al grito de BANZAI!!!!

Pero la noche la había inaugurado Giorgio Bassmatti, que actuó en su segunda casa más centrado que nunca en lo vocal y en lo instrumental, divertido en los comentarios entre canción y canción pero serio en la intepretación de un manojo de melodías rebonitas, cantadas casi todas en euskera (ya bromeó al advertir de que la noche iba de idiomas raros). Rodeado de lo que él llama “musikalagunak” (amigos que le siguen/seguimos de actuación en actuación), el donostiarra ofreció una sesión muy similar a la del Doka que compartió con Balerdi Balerdi hace un par de meses. Gustó -y mucho- su reformulación del What You Want de My Bloody Valentine y sorprendió a quienes no la habían escuchado su preciosa versión en euskera del Northern Sky de Nick Drake. Habitualmente no es así, pero esta vez, en contraste con la locura de los japoneses que vendrían después, Bassmatti pareció el cuerdo del programa. XD

 

 


01
feb 13

Senperena y Berrio, de común acorde

Juan G. Andrés

Los siguientes vídeos sirven para ilustrar la [Enlace roto.] con Joserra Senperena y Rafael Berrio, que esta tarde presentan en Arteleku y el Victoria Eugenia sus respectivos discos, 10 trio piano, biolin eta akordeoirako (Gaztelupeko Hotsak, 2012) y Diarios (Warner, 2013). Tras una interesante charla mantenida ayer en el domicilio de Joserra, ambos músicos, colaboradores y amigos, obsquiaron a este periódico con la interpretación de dos piezas en directo: La alegría de vivir, de Berrio, y Cuentos para adultos nº 6, de Senperena.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=px0hyaNuC-Y&feature=youtu.be[/youtube]

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=X6wffEJucBk&feature=youtu.be[/youtube]


17
dic 12

Rock and Roll Animal

Joseba Irazoki, el sábado en el bar Kataku de Bera. FOTO: Juan G. Andrés

Juan G. Andrés

Lo hemos escrito en más de una ocasión y confiemos en seguir reiterándonos: Joseba Irazoki no es de este mundo. Bueno, fuera del escenario es un tipo normal y de lo más afable, así que tal vez sea más exacto afirmar que lo que parece extraterrestre es su música y la manera en que él la interpreta, transformado en un ser desbocado que ofrece un espectáculo absolutamente desbordante. Sabemos que si se pone sensible y folkie, es capaz de alumbrar cosas tan bonitas como su anterior disco Euria ari du (Moonpalace Records, 2009), pero lo que ahora le mantiene ocupado (además de tocar con artistas como PLV Havoc o Max Gamuza) es la presentación de un EP de diez pulgadas titulado Oso banda (Bidehuts, 2012).

De momento solo puede escucharse un tema -pronto estarán disponibles on line los otros tres-, pero Esperoan daude es suficientemente ilustrativo de lo que Joseba ha estado haciendo en los últimos meses: girar en solitario, en formato de one man band, con guitarra, bombo, platillos y un arsenal de pedales y cachivaches con los que arroja su catártica música a los oídos del público. Lo hace con una furia casi animal, jugándose la voz e incluso el tipo. Si se fijan bien, en algunas fotos de esta crónica verán una marca de sangre en la frente del músico, que se autolesionó (suponemos que involuntariamente) al inicio del concierto del pasado sábado en el bar Kataku de Bera.

El músico, que actuaba en casa, terminó sudoroso, exhausto y sin resuello tras un espectacular show de hora y media en la que presentó un trabajo que el otro día definíamos así: “Suena como si Tom Waits hubiera pasado varios meses de trabajos forzados en un baserri de Bortziriak”. A veces, incluso, parece escucharse la guitarra de Marc Ribot en mitad de un fragor en el que intervienen sonidos sincopados, riffs brutales y alaridos guturales. Además, Irazoki no solo comunica con su contagiosa música, sino que se las apaña de maravilla en el papel de showman espasmódico que se contonea y baila, arenga y sermonea al público, se pintarrajea la cara e incluso permite cantar en portugués al espontáneo Hilario, un vecino luso-beratarra que hizo las veces de estrella invitada.

Poco más añadiremos a los merecidos piropos que ya hemos dedicado en otras ocasiones al protagonista de estas líneas, así que nos limitaremos a recordar: “Joseba Irazoki non, gu han”. Y la siguiente cita es el 28 de diciembre en Lugaritz (Donostia). Atención porque de tocar en plan hombre orquesta pasará a hacerlo al frente de una superbanda creada para la ocasión. Esta reunión, además, podría ser el germen de su próximo proyecto, un disco que verá la luz en 2013 y seguirá la estela del aplaudido Euria ari du. Para no perdérselo.

Joseba B. Lenoir, el sábado en el bar Kataku de Bera. FOTO: Juan G. Andrés

Y no sería justo terminar este post sin una mención a un tocayo de Irazoki, también beratarra y también guitarrista. Conocido por su condición de integrante de los rockeros Sexty Sexers, Joseba Baleztena, cuyo nombre artístico es Joseba B. Lenoir, sorprendió al inicio de la noche con la propuesta instrumental recogida en su disco Instroak (Vol. 1). También en solitario y apoyado como su convecino en los pedales de loops y efectos, el joven empleó sobre todo una desvencijada guitarra española que, convenientemente amplificada, le sirvió para dibujar paisajes sonoros anclados en un blues primitivo pero sazonado con un toque de experimentación. Guitarrista de gran técnica, Baleztena se reservó para su único tema cantado una lograda versión en euskera del Stack Shot Billy de The Black Keys. Un sujeto al que seguir la pista.


09
dic 12

Rufus: en familia y entre amigos

Rufus W. FOTOS: Juan G. Andrés

Juan G. Andrés

A Rouco Varela y sus peperas amistades peligrosas se les quedaría el culo torcido al conocer el modelo familiar de Rufus Wainwright. El artista norteamericano está casado con el productor Jörn Weisbrod y ambos son padres de una niña concebida por Lorca Cohen, hija del mismísimo Leonard y amiga de la infancia de Rufus, que amablemente les alquiló su útero. Es obvio que esta no es una práctica habitual por estos lares, entre otras cosas por los impedimentos legales que las parejas gays tienen para adoptar en España. Pero que cualquier espécimen de la derechona más cavernícola se atreva a decir que el protagonista principal de esta crónica no cree en la familia, que no hay que mezclar peras con manzanas y otras paparruchadas de similar calibre. En sus actuaciones, como en la del pasado viernes en el Auditorio Kursaal, Rufus no solo menciona y versiona a sus allegados más cercanos, Loudon Wainwright III (padre), Kate McGarrigle (madre) y Martha (hermana), sino que invita a tocar con él a Adam Cohen, hermano de Lorca, y a Krystle Warren, artistas que le acompañan en la gira como teloneros. Es, por tanto, amigo de sus amigos y alguien para quien la “familia” no es sinónimo de arma arrojadiza…

Krystle Warren.

La primera invitada fue Krystle Warren, que sorprendió primero por su aspecto andrógino y después por su maravillosa voz de contralto. Con la sola ayuda de una guitarra acústica, la joven de Kansas desgranó media docena de arrebatadoras tonadas situadas entre el soul y el folk, con una sensibilidad que desarmó a gran parte de la audiencia. Un descubrimiento a tener en cuenta.

Adam Cohen.

Después, Adam Cohen, hijo de Leonard, apareció en escena acompañado por dos músicos. Su actuación se asemejó por momentos a un Club de la Comedia desternillante que en parte terminó eclipsando un folk-pop bien solvente. En un esforzado español, fue presentando sus canciones, demostró gran sentido del humor y supo reírse de sí mismo. Dio las gracias a la audiencia por acudir a ver a “Rufus y sus amigos sin tener ni idea de quiénes son sus amigos” y después reparó en el “misterio” de que éste tenga una hija con su hermana Lorca. Al presentar uno de sus nuevos temas reconoció: “Bueno, para ustedes todos son nuevos”. Y bromeó con el nombre de su hijo Casius. “Como el boxeador. Yo quería llamarle Mohammed Cohen, pero a mi rabino no le gustaba la idea”. El acabose fue cuando quiso advertir a los despistados de su condición de vástago de una persona muy famosa de Canadá de quien iba a tocar una versión… ¡Celine Dion! Con algún guiño gamberro a George Michael, la canción elegida fue So Long, Marianne, de su padre Leonard Cohen. Después se despidieron entre aplausos cantando al borde del escenario.

En su memorable actuación de 2007 en el Kursaal, Wainwright estaba inmerso en la gira de Release The Stars, en la que contó con la compañía de su inseparable madre, que en Donostia cantó con él al piano. La artista falleció poco después y Rufus quedó sumido en una infinita tristeza que dio lugar a All Days are Nights: Songs for Lulu (2010), un disco tenebroso que en directo fue interpretado de manera luctuosa y solitaria en una gira que también pasó por Bilbao. Superada la fase de duelo, el norteamericano ha vuelto al a luz con Out of The Game (2012), el álbum que el viernes le trajo de regreso a un auditorio que solo completo medio aforo pero vibró con dos horas de desbordante espectáculo.

Rufus, al inicio del concierto del viernes en el Kursaal.

Con las luces apagadas, sin que se le viera en ningún momento, cantó a capella la primera canción de la noche, Candles, a la que se sumó un coro de voces extraordinarias –más tarde descubriríamos que en el supergrupo de Rufus cantan todos menos el batería y, quizás, el iluminador y el técnico de sonido–. La transición a Rashida fue un estallido de luz y color que permitió ver al artista y a su banda en todo su esplendor. Vestido con chaqueta, chaleco rojo, unos pantalones de peligroso estampado, gafas de sol y pantuflas con tachuelas, Wainwright alternó Barbara y varios temas nuevos con otros antiguos como April Fools, The One You Love, Grey Gardens o Cigarettes and Chocolate Milk, esta última aprovechada por el cantante para confesar su adicción a los pintxos locales.

Tras recordar que su hermana Martha tiene nuevo disco –titulado, cómo no, Come Home To Mama (2012)–, Rufus dejó que Krystle Warren, incorporada a la banda como corista, y el guitarrista Teddy Thompson, dueño también de una preciosa voz, recordaran a la difunta Kate McGarrigle con sus canciones I Don’t Know y Saratoga Summer Song, respectivamente. Fue uno de los momentos más bellos de la noche junto a otra inmensa versión, One Man Guy, de papá Loudon Wainwright III –todo queda en familia–, que resultó sobrecogedora en las voces de su hijo, Thompson y Charysse Blackman, la corista de las carnes prietas.

Solo al piano.

Fabulosos en lo vocal y en lo musical, sonaron más temas del último disco –Out of The Game, Jericho, Montauk–, así como la rumbera versión del Everybody Knows de –otra vez– Leonard Cohen, Art Teacher o esa maravilla de canción que es Going To a Town, con Rufus solo al piano. Se despidió del público y se retiró con la festiva y luminosa 14th Street, tras la que parte de la banda regresó al escenario para protagonizar un teatrillo en el que cada personaje leía en español el texto escrito en un guión que mostraban sin pudor. Tuvo su gracia durante unos pocos minutos en los que la estrafalaria troupe parecía estar ensayando una obra de teatro escolar, pero la espera se hizo excesivamente larga porque Wainwright tardó demasiado en reaparecer.

Rufus Apolo, cantando entre el público.

Ahora bien. Cuando lo hizo, tras un Old Whore’s Diet que sirvió de invocación, fue por todo lo alto. Si en su visita anterior a Donostia terminó el concierto vestido de vedette, esta vez bajó por la rampa del auditorio transformado en dios Apolo, con peluca rubia, máscara dorada y ropajes helénicos extremadamente cortos. Bitter Tears sirvió de excusa para montar una especie de sarao irreverente en el que correteó entre las butacas y permitió subir al escenario a un amplio grupo de espectadores, que bailaron junto a él y la comparsa que dirigían un cupido saltarín con dodotis y un guitarrista ataviado con ropajes propios de la malvada bruja del Norte de Oz.

Rufus, Cupido y el bocata de gomaespuma.

La música pasó a un segundo plano y se impuso un petardeo que resultó juguetón pero también algo chabacano. Algunos asistimos con estupefacción al atropellado desenlace de una velada que había sido impecable y tuvo varios momentos conmovedores, pero concluyó de forma un tanto chusca. ¿O acaso no fue injusto que Rufus cantara su enorme himno, Gay Messiah, conteniendo la risa y sepultado bajo un bocadillo gigante de gomaespuma? A unos pocos, los menos, toda esa artillería carnavalesca nos pareció demasiado pesada y anticlimática, porque  empañó levemente una velada que podía haber sido redonda. A la mayoría, sin embargo, le pareció un show hilarante y absolutamente disfrutable. En cualquier caso, si hay una tercera visita a Donostia -que la habrá, según prometió-, allí estaremos de nuevo, prestos a disfrutar de un artista familiar, amistoso y con un inconmensurable sentido del espectáculo.


26
nov 12

Ty Segall, el ruido y la furia

Juan G. Andrés

Oier Aranzabal, Juan Luis Etxeberria y Beñat Sarasola, entre otros, han relatado la proeza realizada el jueves por Ty Segall en Donostia, única ciudad del Estado que visitó el cuarteto estadounidense (¡cuán suertudos fuimos!). Lo han escrito y descrito tan bien que no sé si merece la pena añadir mucho más: suscribo sus opiniones y coincido en señalar que fue un conciertazo. No sé si el mejor del año, distinción que hace unos días algunos otorgaban también al bolo de The X en Intxarrondo, pero sí una cita memorable, sin duda. Al salir de Gazteszena comentaba con varios compañeros, medio en serio medio en broma, que me arrepiento de haber usado en crónicas anteriores términos como “apisonadora musical” o “banda demoledora”, pues uno piensa, después de haber visto a este grupo, que parecen palabras inventadas directamente para ellos. No me repetiré y solo diré que la andanada de garaje y psicodelia, el rock gutural, primitivo y maravilloso de esos cuatro pipiolos de California consiguió removernos las entrañas a casi todos. Y esta vez, en lugar de crónica de letras, os dejo varias imágenes que pretenden -sin conseguirlo, claro- transmitir el ruido y la furia de Ty Segall.


16
nov 12

Micah P. Hinson: esta máquina mata espectadores

Micah P. Hinson, el martes en el Teatro Principal de Donostia. FOTOS: El Humilde Fotero del Pánico

Juan G. Andrés

¿Eres músico? ¿Tienes un talento desbordante pero estás cansado de giras que te arrojan año tras año a los mismos lugares? ¿Te sientes rehén de tus seguidores y no sabes cómo romper de una vez con el mundo del espectáculo, dejar los conciertos y dedicarte solo a grabar, al macramé o a falsificar recetas de medicamentos? No te preocupes. Micah P. Hinson tiene la solución que mejor se adapta a tus necesidades. Solo sigue estas pequeñas pautas y perderás público a pasos agigantados: eficacia garantizada.

Micah, afina como puedas.

Mientras el público aguarda en sus butacas, pon música de Benito Lertxundi, infalible para crear un ambiente de polémica. Ve al concierto sin cometer la imprudencia de ensayar: es una absoluta ordinariez. Procura usar una guitarra que se desafine con solo mirarla y así podrás pasar uno o dos minutos tensando y destensando las cuerdas entre tema y tema (eso pone de los nervios a los espectadores). No te preocupes por dejar las canciones a medio acabar y luego no recuperarlas. Busca excusas burdas para no asumir tu responsabilidad porque no olvides que si tocas como el culo no es tu culpa: es del dolor de espalda, del accidente de coche que tuviste antes de tu última gira por España o incluso de la pérfida Albión, que siempre que vas a Inglaterra vuelves jodido y enfermo.

P, en pleno ataque de tos, al más puro estilo tísico de la Dama de las Camelias.

Para ilustrar este último extremo, tose estentóreamente en plan tísico, como si fueras la mismísima Dama de las Camelias, y explota tu vena victimista consumiendo alguna píldora analgésica a la vista de todos y bebiendo un ridículo zumo de frutas. Intenta abusar hasta la náusea de palabras como “fuck” o “shit” y al técnico de sonido trátale como se merece: como una auténtica basura (de nuevo, la técnica del ventilador y el zurullo). Si en mitad de un tema tu micrófono molón sufre un gatillazo, arréglatelas para terminar de cantar y luego pregúntate: “¿Puede algo ir peor?”  Quizá todavía haya alguien a quien le parezca divertido, de modo que para contrarrestar, es importante que consultes con frecuencia tu reloj de bolsillo vintage: que la gente intuya que estarías más a gusto en un potro de tortura que en ese teatro birrioso.

Hinson, en el único tema que cantó con la que debió ser su banda durante toda la noche: Timber Timbre.

Y lo más importante. Recuerda que la peña ha pagado 20 euros por barba (y gafapasta) para verte actuar escoltado por los teloneros. Primero deja que el público se confíe, que piensen que maullarás un rato en solitario con tu desafinada guitarra acústica y luego saldrán ellos, que habrán dejado un inmejorable sabor de boca al principio de la noche. A poder ser, ficha a un grupo con buenas canciones y un directo cojonudo, por ejemplo a Timber Timbre; así, el contraste entre su brillante  introducción y tu posterior fiasco será aún mayor, especialmente cuando el público vea que sales acompañado en una sola canción (no reveles este aspecto al promotor hasta un minuto antes del inicio de la función, así el efecto sorpresa será mayor) que, a la postre, resultará lo mejor de tu velada. En los bises, los más cándidos creerán que vas a volver con la banda para ofrecer juntos un par de temas, pero no caigas en la tentación y, sobre todo, no les des ese placer. Simplemente aparece de nuevo tú solito y confiesa que Timber Timbre no regresará porque no habéis ensayado: “Es que yo vengo de Texas y ellos de Canadá”. Despídete con otra de tus elaboradas frases: “Voy a tocar una más y luego me voy a dormir, que estoy realmente jodido”.

Micah P. Hinson con las manos en los bolsillos. ¡Esa es la actitud!

Una última cosa. Como llevas tu destartalado instrumento decorado con aquella celebérrima frase de Woody Guthrie (“This machine kills fascists”), reserva para el final una versión afónica y agónica de This land is your land y cuando termines, con toda probabilidad, la audiencia te habrá dado la espalda o, en el mejor de los casos, te profesará un odio tan racional que solo querrá embadurnarte con plumas y alquitrán. Comprobarás entonces que tu guitarra quizá no mata fascistas pero es un arma letal a la hora de exterminar espectadores en cantidades industriales. Felicidades. Gracias al método P. Hinson habrás conseguido el objetivo: ¡tu fracaso habrá sido todo un éxito!

 


12
nov 12

En ‘Donosti’ no hay conciertos

Juan G. Andrés

Seguro que has escuchado la cantinela cienes y cienes de veces. “Es que en Donosti no hay conciertos”, suelen repetir como un mantra quienes, a lo sumo, acuden a una sola actuación musical en todo el año, preferiblemente a la que acoja en verano el estadio de Anoeta. Pues bien. El pasado fin de semana, solo en la capital guipuzcoana se celebraron una docena de funciones, lo que obligó a los musiqueros a elegir y/o descartar por cuestiones de ahorro y/o incompatibilidad horaria. A continuación, os dejamos algunas impresiones de los tres bolos a los que acudimos, pero recordad que entre el jueves y el sábado también hubo otros en el campus de la UPV (Cohen), Kontadores (Lotus Plaza), Doka (Skakeitan, Glaukoma), el centro cívico de Larratxo (Willis Drummond, Leihotikan, Muturbeltz), Le Bukowski (Amparo Sánchez), etc. No está nada mal para una ciudad en la que no hay conciertos…

De izquierda a derecha, Will Johnson, Patterson Wood y Craig Finn. FOTO: El Humilde Fotero del Pánico

Craig Finn, Patterson Wood y Will Johnson: Club del Victoria Eugenia. Su concierto del viernes había sido inicialmente programado en la sala principal del teatro pero al público no debió de seducirle mucho la oferta porque las escasas entradas vendidas obligaron a mover la actuación a las catacumbas. Y así, de rebote, los espectadores salieron ganando, pues el recoleto Club del Victoria Eugenia es sin duda el auditorio idóneo para una propuesta íntima y desnuda como la de Craig Finn, Patterson Wood y Will Johnson. Armados con guitarras acústicas, los respectivos líderes de The Hold Steady, Drive-By Truckers y Centro-matic desgranaron, con maravillosa sensibilidad y por turnos pero apoyándose mutuamente, un manojo de canciones impregnadas de emocionante country y folk. La melancolía, la amistad y las referencias familiares fueron el nexo común de una actuación en la que, si tuviéramos que destacar a uno de los tres solistas, nos quedaríamos sin duda con Will Johnson: supimos que él era el elegido nada más verle/escucharle cantar en su primera intervención, con la mirada extraviada, dirigida al techo, y una potente y arenosa voz que se cuela por el oído del espectador y baja directa al estómago. Por lo demás, cada uno escogió de su repertorio material viejo o nuevo, y hubo un homenaje al difunto Vic Chesnutt y un bis de despedida con un desatado Patterson Wood dirigiendo el cotarro en Let There Be Rock.

Deu Txakartegi, de We Are Standard, en plan cristo redentor del baile. FOTO: El Humilde Fotero del Pánico

We Are Standard: centro cultural Intxaurrondo. Salimos zumbando del Club para pillar el autobús a Intxaurrondo y cenar algo antes de la siguiente cita. Nos perdimos la actuación inicial de Lolas Club pero llegamos a tiempo para asistir, por enésima vez, a la txufla festiva de We Are Standard. Los de Getxo confesaron llevar tiempo sin tocar en directo y quizá estaban un poco desentrenados, como lo demuestra el hecho de que el nivel de vacile de Deu Txakartegi no fuera tan alto como en convocatorias anteriores: llegó a decir incluso que los guipuzcoanos bailamos más que los bilbainos. Lo nunca visto/oído… Bromas al margen, en lo musical algunas voces se quejaron también de que el sonido no estuvo del todo atinado, pero ese detalle no fue obstáculo para que la apretada sala cantara y bailara al pegadizo ritmo de las canciones de WAS, que a principios de 2013 sacaran nuevo disco. En su robusto y siempre divertido directo no faltaron las danzas free-style ni las chanzas de Deu (“¿está borracho perdido o se lo hace?”, era la pregunta más recurrente entre la audiencia), y tampoco temas obligados como The Last Time u On The Floor ni la descomunal versión del I’m Waiting For The Man de la Velvet. Y para cerrar el chiringuito, tiraron de garage con una inesperada y correosa versión del clásico Have Love Will Travel de los Sonics. Todo muy rico.

Calexico: Joey Burns a la guitarra y John Convertino a la batería. FOTO: El Humilde Fotero del Pánico.

Calexico: Victoria Eugenia. Al día siguiente el teatro albergaba una de las citas más esperadas del último trimestre del año, por lo que el retorno de Calexico a Donostia se saldó con un sold out como la copa de un pino… de Arizona, por supuesto. Antes actuó un casi desconocido grupo de Oregón, Blind Pilot, que sorprendió más que gratamente al público con su folk canónico: lo peor que puede decirse de ellos es que recuerdan a otras bandas que explotan esa vena de música acústica aderezada con banjos y ukeleles, pero tocaron y cantaron tan bien que al público no le habría importado escuchar algún bis. Pero los protagonistas de la noche eran Calexico, que salieron al trote ligero con Epic, que abre su recientísimo disco Algiers, del que también escogieron Splitter y Maybe on Monday, entre otros. El recuerdo de su visita de 2009 era tan bueno que quizá nos costó tres o cuatro canciones entrar en el concierto, pero una vez metidos en harina (¿o habría que decir arena, como la de la frontera méxico-estadounidense?), la función fue in crescendo con el habitual despliegue de trompetas, acordéon, vibráfono y guitarras que en ocasiones sonaron punzantes y rockeras, con momentos de brutal intensidad.

Con la música de Calexico ocurre lo que con los cuadros de Edward Hopper: sus canciones/pinturas inspiran y sugieren mil y una historias cinematográficas. Las mestizas melodías del grupo, que a menudo parece estar ambientando una cantina mariachi o incluso en un garito cubano, son el principal activo del grupo que lideran Joey Burns y John Convertino, el primero con su hermosa y evocadora voz y el segundo con su magistral modo de acariciar la batería: solo verle coger las baquetas es ya un espectáculo en sí mismo. Cuando tocaron Inspiración algunos pensaron que tal vez aparecería sobre el escenario Amparo Sánchez, que cantaba ese tema en el disco Carried to Dust y que hacía solo unos minutos había actuado en el cercano club Le Bukowski. Pero no. Quien sí tuvo protagonismo destacado fue el madrileño Jairo Zavala (Depedro), que actuó como tercer guitarrista y apoyo vocal en piezas como Victor Jara’s Hands.

Sunken Waltz y Two Silver Trees revelaron areglos curiosos y bastante diferentes a los del disco y hubo celebrados y polvorientos instrumentales como Minas de Cobre. En el capítulo de versiones, no faltó la obligada Alone Again Or de Love, una revisión tranquila del Corona de Minuteman (grupo californiano de la escena hardore punk de los años 80) y una sobrecogedora cover de la cantante de bluegrass Gillian Welch, Look at Miss Ohio, interpretada a cinco voces con la ayuda de los componentes de Blind Pilot, que alumbraron unas armonías vocales preciosas (fue uno de los momentos más bellos del concierto, recogido en vídeo por el amigo Ricardo Aldarondo). En los bises también sonaron la nueva Sinner In the Sea y la festiva Güero Canelo, con la que hicieron mutis por el foro. Complacido pero con ganas de más, el público no dejó de aplaudir durante varios minutos hasta que el grupo tuvo que volver para despedirse con el tema que cierra su último trabajo: The Vanishing Mind. Maravilloso.

Hoy comienza una nueva semana sin conciertos por estos lares: Micah P. Hinson, Blue Rodeo, Saint Etienne… Para que luego digan.

 


27
oct 12

¡Agárrame esos fantasmas!

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=cyRqR56aCKc[/youtube]

Juan G. Andrés

El  Principal acogió ayer un suculento prólogo a la Semana de Cine Fantástico y de Terror, cuya 23ª edición comienza esta misma tarde si el tifón no arrasa Donostia. En el teatro de la Parte Vieja había más nostálgicos que en un congreso de Falange Española; nostálgicos, claro está, de los años 80 y de su maravillo e inolvidable cine de entretenimiento. Quien más y quien menos lucía para la ocasión una camiseta de los Gremlins, los Goonies o, claro está, Los cazafantasmas (1984), película de Ivan Reitman que compartió programa doble con Dentro del laberinto (1986), de Jim Henson. Ambas películas se proyectaron, fuera del abono de la Semana, gracias a la iniciativa Phenomena on Tour, impulsada por el cineasta Nacho Cerdá, que se ha propuesto recuperar algunos de nuestros clásicos favoritos de los años 70, 80 y 90.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=ViftZTfRSt8[/youtube]

Por desgracia, no llegamos a tiempo para ver a David Bowie bailando y cantando entre los muñegotes de Henson, pero sí para disfrutar de ese clásico que marcó la infancia de millones de cinéfilos en todo el globo terráqueo. Algunos vimos Los cazafantasmas hace tantos lustros que apenas recordábamos lo divertida e irreverente qué es. En cambio, quienes la revisan religiosamente cada cierto tiempo, no solo recitaban los diálogos de memoria, como mi amigo Fernando, sino que incluso detectaban las diferencias entre la versión original y la doblada (en un comentario malicioso, la figura de Edgar Hoover, el célebre director del FBI, fue sustituido en la versión española por Mao Zedong).

El público estuvo algo tímido pero participativo, y hubo vítores y aplausos en los momentos cumbre del filme: por ejemplo, en el grito inicial de la bibliotecaria, en la aparición del bulímico fantasma verde, las disparatadas ocurrencias de Bill Murray, la posesión de la bellísima Sigourney Weaver y la irrupción del muñeco de los Marshmallows. También fueron especialmente celebrados esos diálogos que alcanzan ya la categoría de míticos:  “Me ha moqueado”, “No crucéis los rayos”, “Poned la mente en blanco”, etc. Lo mejor, las palmas y los coros con los que la audiencia acompañó uno de los mejores temas que jamás se hayan escrito para una banda sonora original: Ghostbusters, de Ray Parker Jr.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=KvkKX035484[/youtube]

Tan felices estábamos al término de la sesión que nos atrevimos a pedir a Josemi Beltrán, director de la Unidad de Cine, que repita cuanto antes la experiencia y traiga a Donostia otras películas que se han proyectado en Barcelona dentro de la iniciativa Phenomena on Tour:  Regreso al futuro, E.T., Tiburón, AlienIndiana Jones y el templo maldito, La cosa, Desafío total, Aterriza como puedas… Algunos de esos títulos se pueden ver, subtitulados al euskera, en el ciclo que la Semana dedica al centenario de la Universal. Si funciona, tal vez Donostia Kultura se anime a repetir la iniciativa en breve. ¡Ójala!


02
oct 12

Zinemaldia 60ª edición (y IV)

Fernando Trueba, François Ozon y Juan Mayorga. FOTO: Efe

Juan G. Andrés

El siguiente balance está escrito bajo el melancólico síndrome de estrés post-Zinemaldia.

Edición casi redonda. El propio [Enlace roto.] no era capaz de juzgar ayer si la 60ª edición ha sido la mejor de la historia del Zinemaldia, pero se mostraba convencido de que es “la más equilibrada de los últimos años”. Un análisis que compartimos plenamente en la medida en que ha habido una estupenda mezcla de buen cine y glamour. La organización ha superado con sobresaliente el año más complicado de la crisis, al que se han sumado la subida del IVA y una convocatoria de huelga general gestionada con inteligencia. A falta de datos definitivos, las salas de cine se han llenado con unos 155.000 espectadores, una cifra similar a la del pasado año y que habría sido muy superior si la huelga no hubiera coincidido con el Festival.

El palmarés. Se ha dicho y escrito por activa, pasiva y perifrástica: el palmarés de esta edición (analizado [Enlace roto.] por Juan Zapater) ha sido el más coherente de los últimos años. Esta vez no hubo cartas de Alou, cajas de pandora ni pasos dobles. Ganó la película que debía ganar, la mejor, un excelente trabajo de François Ozon titulado Dans La Maison. El resto del reparto también parece pensado con buen criterio por parte del solvente jurado, aunque muchos habríamos dejado sin premio a Fernando Trueba para dar la Concha de Plata al Mejor director a Costa-Gavras, que inexplicablemente se quedó fuera del palmarés. Ese único detalle, sin embargo, no empaña el resultado final y es pecata minuta en comparación con los desmanes de otras ediciones.

La Sección Oficial. También se ha dicho que el apartado competitivo ha rayado a gran altura. Quizá no ha habido un mayor número de buenas películas que otros años –recordemos que en la anterior edición competían No habrá paz para los malvados, The Deep Blue Sea o Kiseki- pero se puede decir que solo había un truño absoluto y que han sido bastantes menos los filmes reguleros. De ahí que el nivel medio haya sido claramente superior, en opinión de algunos mejor incluso que el de la reciente Mostra de Venecia. Y ello pese a que ha faltado el descubrimiento de algún nuevo director y alguna película más procedente de Oriente y Latinoamérica.

Top 3 de la Sección Oficial. 1) Dans La Maison. 2) Le capital. 3) Blancanieves. NOTA: En los tres posts publicados durante el Zinemaldia aparecen comentadas todas las películas de la competición. También muy interesantes sin ser redondas. Días de pesca, Foxfire y All Apologies. Para olvidar. Venuto al Mondo y The Dead and The Living. Fuera de concurso. Argo y Lo imposible, espectaculares cada una en su estilo.

 El resto de secciones. Obviamente, este post constituye un balance sesgado del Festival por cuanto se limita a los títulos de la Sección Oficial, prácticamente los únicos que hemos podido ver. Sin embargo, no podemos dejar de recomendar tres películas De Zabaltegi: No, de Pablo Larraín; Amour, de Michael Haneke; y Emak bakia, de Oskar Alegria. Bienaventurados también quienes hayan disfrutado de los mejores trabajos de Nuevos Directores y Horizontes Latinos, así como del ciclo dedicado al inclasificable Georges ranju.

Máximo glamour. Ni los más viejos del lugar recuerdan una edición con tal constelación de estrellas. Y no solo por la cantidad y calidad de los premios Donostia (Oliver Stone, John Travolta, Ewan McGregor, Tommy Lee Jones y Dustin Hoffman), sino por el resto de figuras (Richard Gere, Ben Affleck, Susan Sarandon, Alan Arkin, etc.) que han dejado la alfombra de color rojo incandescente. En cualquier otro año, la cuota de glamour la habrían cubierto solo dos o tres de esos nombres durante todo el certamen. Por eso parece difícil que pueda repetirse una gesta así, aunque como demuestra la historia relatada en el filme de Juan Antonio Bayona, nada es imposible.

Un toque femenino. En una edición en la que muchos criticaron que todos los premios Donostia fueron a parar a hombres, se agradeció la visita sorpresa de Mónica Bellucci, que ejerció de encantadora esquirola en la huelga, y la simpatía de Penélope Cruz, a quien algún relaciones públicas ha debido de aleccionar para ser más amable con sus seguidores y los periodistas. La presencia de actrices como Catherine Deneuve, Claudia Cardinale o Isabelle Huppert quedo quizá un tanto difuminada en el conjunto de un deslumbrante Zinemaldia.

Los daños colaterales de la sobredosis glamour. Al hilo de lo indicado al final del punto anterior, el hecho de que en todas las jornadas haya habido dos o tres presencias de primer nivel ha ocasionado un efecto perverso: varias estrellas que otros años habrían podido ser protagonistas absolutas de tal o cual jornada, han quedado relegadas a un segundo plano. Del mismo modo, la saturación de premios Donostia pudo restar fuerza a la concesión del último galardón de este año a uno de los más grandes mitos vivos de la interpretación: [Enlace roto.].

¿El año que viene? En breve el equipo de José Luis Rebordinos se pondrá a preparar la 61ª edición con la incógnita de cómo afectarán los recortes presupuestarios a la financiación. De momento, el Ministerio de Cultura ha pegado un hachazo de 120.000 euros a su aportación al Zinemaldia. Según advirtió ayer el director del decano de los festivales de cine del Estado, si las instituciones vascas también rebajan su apoyo en un 12%, será imposible mantener el Festival en su actual formato.

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29
sep 12

Zinemaldia 60ª edición (III)

'Le Capital', de Costa-Gavras.

Juan G. Andrés

Son ya unos cuantos zinemaldis en la retina y se nota. Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que uno podía ver dos o tres películas al día, cubrir y escribir sus respectivas ruedas de prensa, ir a la película de Zabaltegi a medianohe no por obligación sino por devoción, y luego escribir un post diario sobre la jornada. Este año, las estrecheces laborales, el importante cansancio y la necesidad de dormir como mínimo cuatro o cinco horas cada noche, han reducido la actividad de este blog y han obligado a hablar solo de los títulos de una Sección Oficial que ha tenido un nivel claramente superior al de ediciones anteriores: aquí aparece [Enlace roto.] -veremos si coincide en algo o en nada con el palmarés que se anunciará en directo esta noche a partir de las 20.30 horas- y bajo estas líneas, unas breves apreciaciones acerca de las películas que aún no habíamos comentado.

QUARTET. El debut de Dustin Hoffman tras la cámara no deja de ser una comedia amable de buenos sentimientos, tan entretenida como inocua, pero sirve como dignísima clausura de la competición y del Festival. Muy buena mezcla de actorazos (Michael Gambon, Maggie Smith, Billy Connolly, etc.) e intérpretes no profesionales.

EL HIPNOTISTA. O un cineasta, Lasse Hallström, que regresa a su Suecia natal e intenta zafarse del sambenito de “blandengue”, según el término que él mismo empleó en la rueda de prensa.  La jugada le sale bien y mal. Bien porque la película está muy bien rodada: ofrece una imagen atractiva, gélida y oscura de Estocolmo, posee un arranque salvaje y un  desenlace impresionante. Mal porque su guión es un colador tramposo y generoso en topicazos a gogó.

¡ATRACO! Fuera de concurso. Se deja ver esta rocambolesca historia sobre el estrafalario robo de las joyas de Evita Perón en Madrid, aunque provoca desconcierto la estructura de un filme que maneja distintos géneros sin mezclarlos: en la primera hora hay una apuesta clara por la comedia que después muta en policiaco melodramático sin rastro de humor. El talento intepretativo del tándem Guillermo Francella-Nicolás Cabré es inversamente proporcional al atentado protagonizado por Amaia Salamanca y, sobre todo, Óscar Jaenada: caracterizados como enfermera y policía en los años 50, parecen un Cristo con dos pistolas. O más bien un Cristo con una pistola y una virgen con estetoscopio.

LE CAPITAL. El mejor ejemplo de la incorruptibilidad de un septuagenario que sigue creyendo en la subversión a través del cine. El veterano Costa-Gavras se lanza a una piscina llena de tiburones de las finanzas y sale victorioso en su afilado y satírico retrato de los principales responsables de la crisis económica. A algunos espectadores no les convence el tono de una película que, obviamente, está pintada con brocha gorda. Pero el humor contenido que destila el protagonista (intepretado precisamente por un cómico: Gad Elmaleh) aparece al servicio de la coherente caricatura de un banquero definido a sí mismo como “un Robin Hood que seguirá robando a los pobres para dárselo a los ricos”. Una película que, sin ser redonda, figura junto a Dans Le Maison de François Ozon entre lo mejor visto este año en la Sección Oficial.

DÍAS DE PESCA. Lo mejor y lo peor que se puede decir de este filme es que ofrece aquello que uno siempre espera del cuentista -cuentista en el sentido literario del término- Carlos Sorín: episodios mínimos ambientados en la Patagonia con un protagonista entrañable y rodeado de personajes maravillosos, muchos de ellos interpretados por actores no profesionales a los que es una delicia escuchar.

LO IMPOSIBLE. Toda una proeza cinematográfica: “sensacionalista y sensacional”, como decíamos el jueves. Juan Antonio Bayona ha parido un espectáculo torrencial y apabullante que deja al espectador sin resuello durante dos horas. Aparte de la historia de supervivencia cuyo desenlace muchos espectadores ya conocen, no hay mucho que contar en un filme en el que los personajes no poseen conflictos interiores y bastante tienen con intentar salir vivos del infierno. Pero el cineasta español rueda tan bien y cuenta con tan buenos actores -el niño Tom Holland debería haber cobrado más que Ewan McGregor y Naomi Watts- que lo realmente imposible es sustraerse a una colosal ola de emociones; incluso aunque muchas de ellas vengan subrayadas hasta la náusea por una partitura exagerada o una producción de sonido excesiva. ¿Acaso no es excesivo un tsunami?

RHINO SEASON. Es uno de los títulos más vapuleados de esta edición por pretencioso, hermético y ensimismado. Lo último de Bahman Ghobadi es todas esas cosas, cómo negarlo, pero a algunos nos funciona como artefacto poético y galería de imágenes perturbadoras, bellas y sugerentes. Que no es poco. Pese a todo, algunos festivaleros afectados por esta película ya han anunciado que se exiliarán del Zinemaldia si el iraní gana su tercera Concha de Oro; premio que no se merece solo por la tabarra que ha dado con su copia defectuosa en la que nadie -salvo él- ha sido capaz de detectar un fallo.

ALL APOLOGIES. Una película pequeña pero muy bien rodada por Emily Tang, que narra una tremebunda historia que aquí nos cuesta entender por las diferencias culturales entre Oriente y Occidente. Intentamos preguntar por ello a la directora en la rueda de prensa pero el lost in translation al que nos sometió la intérprete de chino fue tal que se nos quedó cara de Bill Murray.

THE ATTACK. Quizá estaba algo dormido para valorarlo en su justa medida, pero me cuesta detectar en el filme de Ziad Doueiri el excelente trabajo que la mayoría ve. Tiene una premisa rotundísima -ese médico israelí que descubre que su esposa se ha inmolado en un atentado suicida asesinando a civiles en una cafetería- y una atmósfera poderosa, pero en su discurso ideológico resulta ambigua y deja demasiados cabos sin atar.

THE DEAD AND THE LIVING. Una joven descubre que su abuelo, un adorable y ya desmemoriado señor de 95 años, estuvo en las SS. Otro gran tema que la austriaca Barbara Albert desaprovecha con una realización carente de interés, errática y videoclipera, por no hablar de la personaja protagonista con la que resulta cada vez más difícil empatizar.

Gael García Bernal en 'NO': "¡Chile, la alegría ya viene!"

NO. Es, junto con Amour, la otra película que hemos visto al margen de la Sección Oficial. El chileno Pablo Larraín es soberbio, incluso cuando se aparta de la sordidez de sus trabajos anteriores, Tony Manero y Post Mortem, para lanzarse a la comedia y la luminosidad de un relato que cuenta cómo se gestó la campaña de NO en el plebiscito que terminó con la sangrienta dictadura de Pinochet. El mexicano Gael García Bernal se mueve como pez en el agua en esta cinta -¡rodada en U-matic!- trufada de frases deslumbrantes, situaciones hilarantes y momentos de gran cine. ¡Una obra maestra desde ya! “¡Chile, la alegría ya viene!”

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