Trascender

Existe una única virtud, una aptitud aislada, huidiza, capaz de abarcar de forma vitalmente inverosímil el tiempo. De contener progreso custodiando el pretérito. La genialidad de Balenciaga posee una cadencia atemporal, trazando la imposible dicotomía de la modernidad remota. Dueño de perpetuos trazados, de vitalicias formas, de líneas íntegras y honestas. Artífice del sublime estruendo creativo que configuró y delimitó la estética contemporánea. Consecución y conquista, detener anticipando lo esencial, suspender esbozando el método. Y será así,  regresando a un pasado categórico, a los lejanos pero concluyentes años 30 como el Museo Balenciaga rendirá, el próximo 26 de mayo, temático tributo a la década que albergó el más sublime e innovador estallido. Fulminante y sentenciosa conjugación de perfección y entrega, el indivisible binomio que conforma lo eterno.

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