Hacerse mayor, sin sacrificar el país de nunca jamás

La segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer. Esas eran las indicaciones que Peter Pan le daba a Wendy y sus hermanos para que llegaran al País de Nunca Jamás. Único requisito: ser un niño para siempre.

Aunque la versión de Disney es, posiblemente, la más conocida, el clásico de J.M.Barrie ha sido adaptado en la gran pantalla en varias ocasiones: desde la más antigua (de 1924) creada por la paramount pictures, hasta las más nuevas películas protagonizadas por campanilla, pasando por la mítica Hook (protagonizada por Robin Williams).  Todas ellas celebran el espíritu de la juventud, de la libertad y el poder que nos otorga la fantasía. Esa fantasía que nos brinda alas y que, por unos momentos, nos hace pensar que somos invencibles.

Pero, sin duda, una de las más especiales para mi es Descubriendo Nunca Jamás (Finding Neverland), del director Mac Forster (suyas son las magníficas Monster’s Ball y Cometas en el Cielo).  La película está protagonizada por Jhonny Depp y Kate Winstlet, que cuentan con la compañía de grandes actores como Dustin Hoffman, Julie Christie, Radha Mitchell o Freddie Highmore (el niño de Charlie y la Fábrica de Chocolate).

Ahogado por las malas críticas de sus últimas obras, el escritor J.M.Barrie (Depp) decide escribir una nueva historia y para ello tomará como punto de referencia la relación que tiene con una familia (Winslet y sus hijos), de la cual forma parte el pequeño Peter, que no cree en los cuentos de hadas.  Desde una perspectiva diferente,  Forster se adentra en la vida del escritor J.M.Barrie y en los hechos reales de cómo consiguió la inspiración para escribir la que sería su obra más conocida.

Con una sensibilidad que llega a rozar los límites de lo infantil (pero sin pasarse) la película se adentra en la batalla que cada uno de nosotros libra cuando le ha llegado la hora de crecer, cuando ya no podemos aferrarnos a nuestra infancia para solventar los problemas. Con la muerte de su padre, el pequeño Peter deja de creer en la fantasía. Es el propio Barrie (Depp) que representa su antítesis, que no quiere dejar que las normas de sociedad de finales del siglo XIX lo engullan.

Al igual que la llama de una vida se apaga a causa de una enfermedad, la imaginación y la fantasia que tenemos cuando somos niños se desvanece ante una sociedad que parece obligarnos a dejar nuestros sueños a un lado. No creo que Forster quiera privar de realismo al personaje de Depp, que ve como se desmorona su matrimonio al relacionarse emocionalmente con la señora Llewelyn Davies (Winslet) y a sus hijos; no obstante, sí se aferra a la necesidad que tenemos de tener una ilusión, un propósito en la vida. ¿Por qué debemos dejar de soñar? ¿Acaso no son los sueños los que nos empujan a superarnos?

Un sueño que ambos protagonistas, el escritor y el niño, en el fondo comparten: el de seguir siendo niños. O, visto de otra manera, el seguir teniendo una ilusión, una fantasía por la cual vivir. Una fantasía, que no nos nuble la vista, sino que nos ayude a seguir adelante con nuestros propósitos.

Aquí os dejo el trailer de la película:

1 comment

  1. Todo soñador tiene asegurada una porción de felicidad

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