Cosas de mayores

Ayer volvió a ocurrir. Sí, me enfrenté a otro de esos momentos tan perturbadores que demuestran lo evidente: que me hago mayor. No me mal interpreten. No quiero decir mayor de vieja, sino mayor de mayor. De responsabilidades, de temas serios… Vamos, de cosas de mayores.

De pequeña me gustaban las cosas de mayores. Por ejemplo, cuando veía a mi hermana haciendo etxekolanas, me parecía lo más. Quería que llegara ya el curso en que nos mandaban deberes a casa, porque eran cosas de mayores. También me gustaba desenroscar clips y ponérmelos en la dentadura, como si tuviera aparato. ¡Sí! Esos hierros también eran cosas de mayores. Me empeñaba en bajar al parque (incluso en ir a la ikastola) con los zapatos de tacón del disfraz de sevillana y me gustaba maquillar a mi padre mientras intentaba desesperadamente darme de comer. ¿Por qué? Porque eran cosas de mayores.

Quién sabe, quizás por esa adoración a las cosas de mayores fui buena estudiante, llevé aparato fijo, no me bajaba de mis tacones o empecé a fumar. La cosa es que ahora me doy cuenta que estaba equivocada, que hacerse mayor no es sólo lo guay de llevar bolso, salir, trabajar, viajar, independizarse… Es saber llevar los papeles. Si señores, todo es cuestión de números y papeles. De tener una carpeta transparente y seria (que sea bonita sorprendentemente ya no se valora) e ir guardando en ella nóminas, recibos, multas, facturas, cosas del banco… Vamos, lo que yo hasta ahora no había hecho jamás. Si tienes esa carpeta con todo guardado, eres mayor. Si no, no. Es así.

La cosa se complica aún más cuando a eso se le añade el súmmum de las verdaderas cosas de mayores: hacer la declaración de la renta. Ayer trasladé a mi familia mi preocupación por este tema, porque es la primera vez que voy a hacerla. Mi madre se reía, mi hermana me comprendía, porque ella también es así un poco como yo. Entonces, empezaron todos a decirme las cosas que tenía que hacer, hasta que ya no pude más y medio lloriqueando lo solté: “Es que son tantas cosas importantes las que tengo que hacer, tan de mayores, que me agobio”. Todo se solucionó cuando mi hermana enumeró en una lista todas esas tareas, contadas de manera fácil y con un dibujo divertido: dos Anes, una rodeada de globos y la otra de números. Entre ellas una flecha y el siguiente texto: “Ane, de niña a mujer”. Y lo mejor de todo, ¿quieren saber cuál era la primera tarea? “Comprar una carpeta bonita, de las de Zara Home Kids”.

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2 comments

  1. Patricia "Eguzkiñe Zilartebeitia"

    Qué difícil es hacerse mayor. Hace poco le pregunté a mi aita cuando volví de estar 5 días, las 24 horas del día, con 3 niños: “Aita, ¿cómo pudiste tener 2 hijos y hacerlo todo tan bien?”
    Me da miedo crecer y meterme en “cosas de mayores” como tú le llamas. Pero, ¿sabes qué? que eso mismo pensábamos cuando terminamos el cole y teníamos miedo a la universidad. Y mira ahora, ¡Estás hecha toda una mujercita! Así que esos “papeles” son una aventura más! Eso sí, si la carpetita es de Zara Home Kids todo será más fácil! ;-)

  2. He llegado a decir quiero volver al cole, uni… con mucha pasión. Esto de hacerse mayor a veces no mola! Y que la carpeta sea bonita es vital…

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