15
mar 12

Todo el mundo cumple en marzo

Se me está pasando volando. El mes, digo. Marzo… ¡Qué mes! ¿Verdad? No sé, a mí siempre me ha parecido especial. Toda la vida me ha llamado la atención el hecho de que todo el mundo, o casi todo, cumpla años en marzo. ¿Que es mentira? Pues no. Es verdad. Es entrar en marzo y ¡hala! todos los días a felicitar a alguien. A veces hasta a más de uno. Y desde que existe Facebook ya ni os cuento… De hecho, os diré que tres novietes de mi adolescencia cumplían en marzo. ¡Dos de ellos con un día de diferencia! Es alucinante… Bueno, si cuentas nueve meses hacia atrás cobra sentido. Pero mejor no hacerlo y así le damos un poco de emoción al asunto.

En fin, que marzo es el mes de los cumpleaños y por eso lo protejo. Nunca lo borraría del calendario. Digo esto de “borrar del calendario” porque a menudo surge ese tema de conversación en mi cuadrilla. Generalmente, cada vez que entramos en un nuevo mes y una suelta eso de “Buf, febrero, vaya mes más feo”. Y es verdad, lo es. Bueno, sólo cuando no es bisiesto. Los febreros bisiestos me parecen de lo mejorcito y siempre pienso en esas personas que, durante los años no bisiestos, celebran su cumple dos días seguidos, el 28 y el 1. Bueno, al menos yo lo haría así…

Además de febrero (el no bisiesto, claro), tampoco me gusta el mes de noviembre. Lo veo como que estorba, que está ahí para ponerte los dientes largos con la Navidad. Como diciendo: “Mira, mira, ¿la ves? ¡Pues no llegas! ¡Ja, te jodes!”. Encima ese mes es oscuro y empieza hacer mucho frío. No, no me va noviembre. Y abril, bueno… No sé, lo he tenido siempre en medio. Creo que porque generalmente la Semana Santa cae casi siempre ahí y eso me parece un punto muy a favor. Pero tampoco lo considero un mes bonito… Octubre tampoco, está ahí en medio de la nada. Septiembre en cambio sí, mira. Ese mes me gusta porque en la playa casi no hay gente y hay olas enormes. Como junio. Luego están los meses básicos, los que gustan a casi todos, un poco por obligación, porque en ellos o es Navidad o es verano: diciembre, enero, julio y agosto.

El que sí que es precioso es el mes de mayo, ¿no os parece? Mayo es de color verde y naranja y al lado puedes dibujar también un sol. En mayo puedes ir con sandalias y chaqueta ligera, aunque pases frío, da igual. ¡Es mayo, es primavera y casi verano! Hay un montón de planes, la gente está contenta… Las personas que nacen en mayo además me caen bien. Si alguien está embarazada y me dice “Viene para mayo” sólo puedo responder: “¡¿En serio?! Jolin, qué bien, va a ser súper majo, ya veras, todos los de mayo son especiales”. Y lo son, porque no mucha gente cumple en ese mes (o así al menos me gusta imaginarlo). En fin, que yo lo tengo clarísimo: pienso programar mis embarazos para que todas mis hijas nazcan en ese mes. ¡Mayo!


12
mar 12

¿Quieres casarte con mi hijo? Sí, quiero

Son las 08:10h de la mañana. Suena esa musiquilla veraniega kitch, como de Vacaciones en el Mar, que tanta gracia me hace. Por eso la tengo de alarma, para despertarme todos los días de buen humor. Aunque hoy no me hacía falta, porque es lunes y ese es motivo de sobra para despertarme feliz. Sí, feliz. Feliz porque es lunes y esta noche hay… ¡¿Quieres casarte con mi hijo?!

No me da vergüenza reconocerlo, proclamarlo a los cuatro vientos, a grito pelado: ¡¡¡¡¿Quieres casarte con mi hijo? me alegra la semana!!!! Así, como lo están leyendo. No sólo ha superado al que hasta ahora era mi programa favorito, Granjero busca esposa, sino que se ha convertido en una de las citas más esperadas de la semana.

¿Por qué? Porque me hace reír sin parar, a carcajada limpia, durante dos horas y media. Es más, desde que empezó el programa he visto crecer abdominales en mi tripa. ¡Me divierte todo del programa!

Primero, las madres, con frases tan célebres como “Yo he conducido tanques en Irak mientras me caían 14 misiles al día”, de Toya, o  “No sé si vive en los Mundos de Yupi o en el Planeta Galleta”, de Mari Carmen. También destacan los estilismos, como las inquietantes diademas de Pilar, la madre de Daniel (el informático virgen) o los corsés de stripper que se ponía Aina, ex candidata de Rubén (el Ken de Denia que lleva camisetas con escote), para salir a pasear por el pueblo y que hacían llorar de vergüenza a la madre del protagonista, Rosi. ¡Y luego están las broncas entre las candidatas! Celos, envidia, competitividad… ¡El colmo ha sido que los dos finalistas de Luis Angel (empresario y gay, como apuntan los créditos del programa) se liasen en el último programa! Todo vale con tal de conseguir llevarse a casa a chicos que de vez en cuando sueltan por su boca joyitas como “No es que la haya cagado, porque yo nunca la cago” de David (el químico y stripper). Bueno, ¿y qué me dicen de la banda sonora? ¡Es que me meo cada vez que sale Jose Luis (abogado y tenor) y ponen “Soy un truhán” de Julio Iglesias!

¡ME HACE FELIZ, SÍ! Y no sólo el lunes… ¡El  resto de la semana me voy acordando de momentos del programa y me muero de la risa! ¡Me alegra, sí! Y no me da vergüenza reconocerlo. Porque me ayuda a vaciar de preocupaciones, responsabilidades e ideas mi cabeza durante dos horas y media. Porque el cuerpo me pide desconectar de mi realidad de vez en cuando. Porque soy una chica sin prejuicios que piensa que hay que ver de todo y porque creo que un programa de este tipo es igual de digno que un documental de La 2. Es más, diría que ¿Quieres casarte con mi Hijo? es un Chutney-Socorro en formato televisión, un Kit-Kat tan absurdo como necesario que alegra nuestras vidas. Así que, ya saben, yo sí. ¡Sí quiero! ¡Sí quiero a ¿Quieres casarte con mi hijo?!


04
mar 12

Remuneraciones

Hasta aquí. Ya no puedo más. ¡Que no aguanto! Tengo que compartirlo para saber que no soy la única persona a la que los nuevos anuncios de ING Direct le dejan diciendo: “¿A qué viene esto? ¿Dónde está la gracia?”.

Sí, sí. Me refiero a los spots de Desaprendí… Aprendí… Cada vez que lo veo me pregunto qué sentido tiene. Y, a pesar de que después me pase unos 15 minutos buscándole una respuesta, es que… ¡No la tiene!

Miren, yo no tengo ni idea de publicidad y a más de uno esto que digo le puede parecer una barbaridad, y a lo mejor lo es. Pero no puedo evitar que sienta algo así como una especie de risa nerviosa y de escepticismo cuando lo veo. Sí, como vergüenza, no sé…

Es que, vamos a ver. ¿A qué viene? O sea, tienes delante de ti a una chica que podría ser cualquiera de nosotros, en su casa, súper contenta, ¡una tía normal! Y de repente suelta: “El día que desaprendí la palabra comisiones, aprendí… ” ¡Y se planta un bigote de papel en la cara, pone voz de hombre burgués y dice: “…remuneraciones”. ¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué es lo que pasa para que se tenga que poner un bigote cuando dice “Remuneraciones”?! No lo entiendo, ¡no lo entiendo! Y tampoco me hace gracia, no le veo ningún sentido…

¿Os parece que soy una exagerada, no? Pues echar un vistazo a este otro anuncio, también de la campaña Desaprendí… Aprendí… de ING Direct. En vez de ponerse un  bigote, otra pobre chica, normal y corriente, se mete la cabeza en un marco para decir “Disponibilidad con intereses”.

Respuestas, opiniones, críticas.. ¡Quiero saber si soy la única que siente todo esto!

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