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feb 12

Premio a la valentía

Situación: Empate en el marcador a nueve segundos del final del partido y posesión para el rival. Pregunta: ¿Cuántos entrenadores de la ACB se la jugarían a hacer falta para tener la última posesión, teniendo en cuenta que no quedan tiempos muertos? Respuesta: Pocos, muy pocos. Se podrían contar con los dedos de una mano y sobrarían dedos. Pues bien, uno de ellos es Sito Alonso y lo puso en práctica el pasado domingo ante el CAI Zaragoza.

La apuesta, arriesgadísima, salió bien, así que la satisfacción fue doble. Por un lado, la satisfacción lógica de una victoria así, sobre la bocina, algo que en Illumbe solo había pasado tres veces: el triple de Panko contra el Breogán en la LEB, el mate de Lou Roe contra el Murcia y el triple de Hopkins ante el Unicaja. Por otro lado, está la satisfacción de que ha triunfado tu apuesta baloncestística, una apuesta valiente, que es algo así como un oasis en el desierto que se ha convertido una liga cada vez más aburrida.

Está ahora en pleno debate por qué la ACB no engancha a más aficionados delante del televisor. Uno de los motivos que se están esgrimiendo es que los partidos son malos, aburridos, con tanteadores bajísimos y más fallos que aciertos. Es así. La obsesión de muchos entrenadores por la labor defensiva y por el basket control han desembocado en partidos infumables. En la Copa del Rey, sin ir más lejos, hubo emoción, sí, pero espectáculo, más bien poco. No creo que el baloncesto ganara ningún adepto esos cuatro días en el Sant Jordi.

Los marcadores rácanos se han convertido en algo habitual. Echando un vistazo a las estadísticas de la ACB, en las 21 primeras jornadas de liga, solo cinco equipos superan los 75 puntos anotados por partido: Real Madrid, Bizkaia, Lagun Aro, Barcelona y Unicaja. Solo el Madrid supera los 80. Y cuatro equipos (Murcia, Valladolid, Estudiantes y Gran Canaria) meten… ¡menos de 70! Un partido que acaba 72-68 no hay quien se lo trague si no eres seguidor de uno de los dos equipos por mucho que los entrenadores hayan dado un clínic táctico.

Apurar la posesión de 24 segundos en ataque es la norma en muchos equipos. No es el caso del Lagun Aro. Los jugadores tienen clarísimo que si tienen una posición cómoda en el segundo diez, van a tirar porque su entrenador les da libertad para hacerlo. A veces esos tiros se fallan y te da la impresión de que ha sido un ataque precipitado, hay que reconocerlo. “Para qué tira si le quedaban catorce segundos”, es el comentario habitual en estos casos. Es una apuesta por el baloncesto ofensivo, dinámico, alegre y atrevido fácil de criticar. Yo mismo tengo la tentación de hacerlo a veces. Pero deberíamos estar satisfechos de que el Lagun Aro, con menos medios que muchos otros equipos, da más espectáculo y juega mejor. Y su victoria contra el CAI no hará más que fortalecer esta apuesta. Es la muestra de que un baloncesto puede ser atractivo y efectivo a la vez. Acabe como acabe la temporada, la apuesta del GBC es digna de alabarse.